Mangoré Eterno Edición 130 Aniversario de su nacimiento Víctor M. Oxley

miércoles, 26 de agosto de 2015

MANGORÉ, POR AMOR AL ARTE O CUANDO LA FICCIÓN INTENTA SUPLANTAR LA REALIDAD



                                                                                               por Víctor M. Oxley

La película más costosa del cine paraguayo -afirman que sus gastos orillan unos 1,3 millones de dólares- la biopics "Mangoré, por amor al arte" fue estrenada el 21 de agosto, y con ello las expectativas que metódicamente fueron creadas por sus productores llegó a su cenit. La reacción como secuela de tal fenómeno empezó con una serie de señalamientos críticos en cuanto a su concreción.

Una biopics -según definición de George F. Custen (1992, Bio/Pics: How Hollywood Constructed Public History, New Brunswick, NJ: Rutgers University Press)- "está construida sobre hechos o porciones de la vida de una persona real a la que su nombre hace referencia", agrega también que suelen centrarse en el contenido biográfico con referencias a una realidad histórica, de aquí surge la pregunta ¿cómo equilibrar realidad, objetividad y ficcionalidad en ella a instancias de los condicionamientos de la lógica de producción de Hollywood?.

En este contexto podemos citar que el director Morten Tyldum, construyo su película The imitation game (Descifrando Enigma) basándose en el libro de Andrew Hodges (Alan Turing: The Enigma). Aún así el escritor Hodges se asombro de la capacidad de inventiva libre en el guión por parte de Tyldum a expensas de que su libro es una biografía histórica rigurosa. En el trance hacia esta quimera tyldumiana, al genial científico británico de la Inteligencia artificial, la computación electrónica, lógica matemática y matemática pura –además de la criptografía claro- le condimentaron la vida con romances, tensiones y espías que jamás existieron. En esta línea argumental también podemos preguntarnos ¿Cuan real es el profesor John Nash (Nobel de Economía) en la película A Beautiful Mind (Una mente brillante)? Esta bella película sobre la vida de John Forbes Nash Jr. está basada en el libro de Silvia Nasar. De hecho es verdad que Nash estudio y enseño en Princeton, pero los delirios esquizofrénicos en donde constantemente es abordado por un compañero ficticio acompañado de una niña, a la vez que es asediado por un agente de la CIA (el actor Ed Harris en la película) jamás sucedieron. En realidad Nash padeció de ilusiones auditivas y delirios paranoicos que no fueron tan sistemáticos como se representan en el film. Otro detalle exagerado es la relación entre Alicia y John (muy idealizada en la biopics) que ya problemática en sí a partir de la enfermedad del genio matemático, se complico en la vida "real" sobremaneramente con el agregado de la condición homosexual de Nash y del hijo que tuvo este con otra mujer. De esta biopics la autora Nasar comento sorprendida que "inventaron una narración lejos de ser literal".

Películas como The imitation game, A Beautiful Mind, o The Theory of Everything (sobre la vida Stephen Hawking) y Creation (sobre Charles Darwin) por citar algunas nos llevan a la cuestión de ¿Hasta qué punto ayudan o perjudican las películas al público sobre la manera de entender a los científicos en particular y a la ciencia en general? (Sobre este tema se puede leer: Projected Art, History, Biopics, Celebrity Culture, and the Popularizing of American Art de Doris Berger [2014, Bloomsbury Academic, New York].

Las biopics que Hollywood crea son reales no porque son creíbles dice George F. Custen, sino más bien deben ser considerados reales porque a pesar de las evidentes distorsiones en menor o mayor amplitud son creídos por una inmensa multitud de espectadores (aquí hay que señalar que no porque una legión de personas crean algo, ese algo debe ser verdad).

Por otro lado podemos comentar que tanto el productor Leo Rubin como el director y guionista Luis Vera de la propuesta del séptimo arte titulada "Mangoré, por amor al arte" afirman que esta biopics del notable músico paraguayo -genio universal de la guitarra- se da a conocer a través de una ficción basada en hechos reales, y este postulado a modo de declaración de intenciones amerita algunas observaciones.

Luis Vera destacó que el principal desafío del filme fue “sobrepasar la biografía estrictamente lineal y los datos que tuviesen que ver con la realidad”. Agregó que su intención fue la de “crear un personaje de fantasía, un personaje de ficción a partir de los datos reales que entregaba la historia”.

Bajo la bandera de que es una película de ficción, las inexactitudes de los hechos se cuelan como de un valor puramente estético; así por ejemplo de entrada nomás un niño Agustín Barrios ya soñaba con ser el cacique Mangoré, y como sabemos Agustín Barrios recién en la década del año 10 de principios del siglo XX concibe la idea de convertirse en el cacique Nitsuga Mangoré, el Paganini de las junglas del Paraguay. Tramo después, se ve la escena en la cual Isabel (su primer nombre realmente es Gregoria) Villalba pone en brazos a Pedro Virgilio, el hijo de ambos, excusándose Barrios a su amada que su gira le impidió estar con ella y el niño, más adelante ya Isabel con dos niños hijos de Mangoré -y ya mayorcitos- el segundo de nombre Reinaldo Robustiano, a presión de los padres de Isabel piden a Barrios reconocer legalmente a sus vástagos. Esta escena es imposible pues como sabemos el primer hijo de Mangoré nace el 19 de octubre y es reconocido tres días después en el registro civil por su padre el día 22 de octubre de 1908, al segundo hijo jamás lo inscribió en el registro civil con su apellido. Una escena que aporta confusión es aquella en la cual Mangoré declara que la obra que va a interpretar esta dedicada a la mulata Gloria Silva, hasta aquí todo bien, pero cuando escuchamos el audio de Choro de Saudade en la película quedamos en el limbo. Esta obra está dedicada a Américo Piratininga de Camargo (hijo de su amigo cercano Joao Avelino de Camargo) y no a Gloria, a esta le dedico  un vals Gloria y amor. Tal vez la escena más borrosa sea aquella en la que un presidente Eusebio Ayala condecora a Agustín Barrios (hecho ficticio que encierra una maliciosa ironía) en el propio Palacio presidencial, y en este acto Mangoré pide a este crear una "Academia" en donde enseñase música; por las escenas siguientes se entiende que el presidente Ayala da directivas a su ministro en una carpeta que contiene el proyecto, pues un secretario de este pide a los Barrios hagan lobby con los parlamentarios para lograr aprobar el proyecto. Martín (hermano de Mangoré) enojado por el manoseo político abandona la reunión y queda Mangoré conversando con el secretario. Cuando Mangoré pide retirar la copia del proyecto se encuentra con la sorpresa de que el secretario no lo tenía y se subentiende por las escenas, que los políticos nunca tomaron en serio tal cosa, el rostro de Mangoré lo dice todo pues se llena de total decepción y apesadumbres. Ya me canse de demostrar que tal negativa jamás existió [Víctor M. Oxley (2009) Agustín Barrios Mangoré. Ritos, Cultos, Sacrilegios y Profanaciones, ServiLibro, Asunción; y Mangoré Eterno (2015). Bubok Publishing S. L., Barcelona] esta espuria pseudo crónica es falsa de toda falsedad. Las referencias políticas en la historia de Mangoré son urdimbres de políticos que han ensayado la historiografía, en especial Saturnino Ferreira Pérez quien de hecho tuerce de propósito algunos hechos de la vida de Agustín Barrios por el sólo hecho de hacer quedar mal a ciertas personas que no son de su agrado. Y esto de que Mangoré tuvo que dejar para siempre su querido Paraguay es un invento que cae en esta categoría y que dentro de los hechos que connotan su vida la demarcan forzosamente en los límites de la mentira. Creo que la más grande omisión en la película es el hecho de que Agustín Barrios Mangoré encordaba su guitarra con cuerdas de acero, de hecho las obras de Mangoré en las manos virtuosas de Berta Rojas suenan con el color tímbrico habitual del nylon en la película, más es harto conocido que Mangoré toda su vida las prefirió por sobre las de tripa o las de nylon, si se quería dar un viso de realidad al audio de la película también la interpretación de la música que aparece en ella debiera de sonar con las cuerdas de metal cruzando el diapasón. Y así, se van sucediendo otros hechos que ameritarían una larga discusión. Este procedimiento de inventar hechos o cambiarlos en sus detalles no es inocuo, pues deja un daño colateral irreparable, la opacidad referencial de los hechos reales que se difuminan en un amasijo indeterminado de estados en donde la ficción engulle a lo fáctico.

Mangoré (Agustín Barrios) fue un personaje "real" de carne y huesos como cualquier mortal, pero fecundo como pocos en la creación musical por ello es considerado hoy el más grande paraguayo por su contribución al legado cultural de la Humanidad. Hacer un film que intente caracterizarlo es de hecho un gran desafío, y este desafío por sobre todo es un desafío moral, que a ciernes se constituye en una "obligación" moral pues no estamos hablando del vecino de la cuadra. Si bien aceptamos que el cine, el séptimo arte, se funda en la ficción, no por ello este debe abandonarse a la construcción sin límites de quimeras que sucumben a la incoherencia borrosa de hechos que falsean la verosimilitud de la vida misma del genio recreando forzosamente la "realidad" del guionista a su caprichosa vorágine. El cine es un arte masivo y en alto grado su mensaje lo transmite a un receptor pasivo, que deja fluir su discurso sin miramientos dinámicos ni mucho menos detenimientos crítico reflexivos. El público común consume lo que se le presenta, tal cual pasa frente a sus ojos. Este pasivo espectador se preguntará acaso ¿Si la historia que observa está construida sobre la verosimilitud de los hechos reales que connotan a los personajes? la respuesta a esto es un rotundo NO. El público pasivo da por hecho que lo que está viendo fue así tal cual se le narra. El público pasivo no tendrá una "duda metodológica" al estilo cartesiano sobre la veracidad de los sucesos que transcurren frente a él, de hecho, el film lo convierte en testigo privilegiado de los hechos que se le imponen. "Es la vida de Barrios pero con vuelo creativo, que debe tener todo guion explicitaba Leo Rubin a manera de petición de principios (como se argumento a lo largo de estas reflexiones este punto de partida deja nulo el compromiso socio-cultural que tiene que tener el productor, director o guionista de una biopics con ambiciones como esta), pero nosotros queremos hacer una reflexión sobre ella ¿cuál es el nivel de compromiso moral que tiene el guionista, el director o el productor de la biopics "Mangoré, por amor al arte" frente a su imaginaria recreación de una realidad inexistente en algunos casos, que según se constata re-crea un Agustín Barrios a sus propias exigencias supeditando la realidad al fin comercial con miras al mercado de espectadores? nos preguntamos esto pues los mismos afirmaron que la intención ex profeso era "sobrepasar los datos que tuviesen que ver con la realidad". Como es una película no pondrán notas aclaratorias a pie de página o adendas al estilo de los libros en donde aclaren que ciertos hechos son creaciones propias y de hecho jamás acontecieron en la vida de Mangoré.

¿Quién reparará el daño histórico-cultural de esta gran ficción? en este sentido un crítico señalaba refiriéndose a la biopics The imitation game de Tyldum sobre la vida del científico británico Alan Turing: "Los que no conozcan al genio, aprenderán muy poco sobre él. Los que veneran su memoria sufrirán", así también pasa con el ficcionado Agustín Barrios Mangoré de Luis Vera, después de este parcialmente infructuoso esfuerzo cultural. Sí según Leo Rubin "El objetivo siempre fue que la gente sepa más sobre Mangoré", este esfuerzo debería de haberse fraguado con vuelos de la imaginación sobre un sólido cúmulo de datos y hechos veraces de la vida "real" de Mangoré y no inventar hechos que hasta contradicen lo que hoy sabemos sobre su vida ¡Que gran oportunidad malgastada y desperdiciada!